Bendecidas Tierras

Mientras balbuceaba el inglés, mezclada entre indianos, filipinos, árabes, pakistaníes…recibía reseñas del lugar al que sería destinada: Dol-Dol Kenya. A este sonoro, en el silencio, desierto llegué a finales del 2009 para compartir mi fe en Cristo Jesús entre los massai, su población, silenciosa e colorida gente que se aferra a su confianza en el Dios que está donde ellos están.  El Señor me abrió campo entre las señoritas estudiantes de un internado de secundaria, para ser medio de su bendición, a través del respeto, amor y confianza ofrecidos a aquellas adolescentes sedientas de gente que les acompañe y se interese por sus vidas mientras les enseñaba Comercio, Life Skills y las acompañaba espiritualmente.

En el 2004, después de mis Votos Perpetuos ofrecidos a Dios, fui asignada a las bendecidas tierras de Amakuriat en el noroccidente de Kenya. Esta vez, entre los pokots, gente fornida que se debate entre su pasado y el desafío de una sociedad moderna que les llama a la transformación social, a la que los(as) jóvenes están dispuestos a asumir, mas necesitan medios y vías para responder a las demandas de su tiempo.

Allí también tuve  la oportunidad de enseñar en la secondaria de varones, quienes me enriquecieron con su acogida y respeto, mientras escuchaba el grito silencioso del “quiero aprender”, “necesito de alquien que me acompañe y muestre el camino”.  Al mismo tiempo, compartí mi vida con las niñas del internado de la misión; niñas “grandes” (entre los 9 y 16 años), grandes por la manera en que se abren camino a pesar de la carencia de recursos económicos, ganándose el derecho al “éxito” en la vida.  He vivido entre ellos con la convicción que he sido llamada a ser su hermana, madre, maestra, mujer consagrada para amarles, creer en ellos (as) y caminar con ellos (as) por caminos de diálogo, de espera, de escucha, de aceptación, de misericordia mutua.

Soy Inés Zambrano, ecuatoriana, nacida en 1972, bendecida en su Consagración a Dios como Comboniana, llamada a compartir su vida con aquellos que esperan el testimonio de un Dios que “es con ellos y ellas” desde siempre, un Dios que es Amor, que es Vida y vida en abundancia.

La Vida misionera tiene enormes desafíos más la dicha del darse a quienes esperan el anuncio de Cristo recompensa lo entregado y llena de vida la existencia.  Las necesidades que son muchas y desafiantes aguardan el decidido sí de aquellos (as) que quieren entrar por los caminos abiertos y por abrirse de encuentro entre los puebles para ser ser medio de la bendición de Dios.

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