Hna. Amalia Andreis

Amalia Andreis: martir de la Mahdia

“Estoy contenta, me voy con gusto, y si el Señor quisiera tomarme…
solo le pido una cosa: que acepte el sacrificio de mi vida”…
(Amalia Adréis, 26 de diciembre 1880).

Era el 7 de noviembre de 1882. En pleno desierto, en aquel recinto protegido solamente por algunas ramas espinosas, Amalia Adréis moría. Tenía 28 años y hacía 2 que se encontraba en la misión. Seis años antes, fascinada por el mensaje de Daniel Comboni, había dejado, su pueblo: S. Maria di Zevio (VR) no obstante la oposición de toda la familia que, turbada e incrédula, le preguntaba: ¿porqué?

Porque tan joven, tan bella, tan querida, había decidido dejar todo por una vida de estrecheces, de fatigas, de riesgos, de demasiados imprevistos?

¿Porqué ir tan lejos persiguiendo un sueño, cuando quedándose habría tenido “todo” lo bello que la vida podía ofrecer?

La respuesta, si la queremos, nos la da la misma Amalia en las cartas que escribio a su familia y conservadas en parte por ésta. Cartas que hoy podemos leer en el fascículo nº 4 de Archivio Madri Nigrizia. Son páginas que, aunque si a veces dejas transparentar nostalgia, se perciben penetradas de un gran amor a la familia y a los pobres; de pasión misionera y de fe profunda, típica de quien ha captado el espíritu del Evangelio y ha aceptado hacer de su vida un don.

Tal vez por esto, quien llegaba a conocer a Amalia no la olvidaba fácilmente, come sucedió con il papa León XIII. En efecto “el sábado – contaba Daniel Comboni – he regresado del Vaticano lleno de entusiasmo, porque me quedé sentado con el Papa por una buena hora y media […]. El Papa León es todo fuego por África, y aunque si han pasado ya 16 meses desde que recibió a mis últimas cinco Religiosas […] me confesó que quedo entusiasmado de su espíritu de sacrificio, unido a su sencillez. El le había preguntado a sor Amalia Adréis si no tenía miedo de la muerte; y ella respondió que sería feliz de morir incluso enseguida por amor a Cristo y a los negros, siente todavía la impresión que le causó y me afirmó su admiración  ”… (E, 6139).

En cambio, lo que sor Amalia no pudo nunca contar, fue todo lo que sucedió cuando Sudan se convirtió en teatro de guerra por causa de la insurrección popular dirigida por Muhammad Ahmad (1843-1885) que se denominó a sí mismo “Mahdi”; cuando la comunidad cristiana de Delen cayó en manos de sus secuaces y todos – padres, hermanas y laicos – fueron hechos prisioneros y obligados a dejar la misión para ser presentados al Mahdi y sufrir un proceso; cuando algunos de ellos comenzaron a morir víctimas de los maltratos, del hambre y de condiciones higiénicas impensables …

Lo contó, también por ella, uno de los supervivientes, don Josef  Ohrwalder, así como lo contó también sor Maria Caprini después de ser liberada…

“Su amadísima Hija y nuestra ejemplar Hermana – escribió al padre de Amalia don Francesco Pimazzoni – murió como un ángel en el campamento del Mahdi” en las cercanías de El-Obeid, en Sudan. “A mi parecer, en lugar de llorar conviene exultare”, porque ahora tenemos en el Cielo una  Mártir.

Y esto creemos poder decirlo también nosotros, porque la vida de       Amalia había sido ofrecida por ella misma por la causa del Reino.  En la carta que escribió a su padre el 13 de enero de 1882 – el año de su muerte –su testamento espiritual, aparece clarísimo:

“La muerte es un sacrificio que debemos hacer a nuestro Dios;
así como nuestro Salvador sufrió la muerte y muerte cruz…
Así también nosotros debemos dar ese gran paso con amor”…
Ese fue su modo de decir “adíos”, pero también “hasta luego”…

Para conocer más:

OHRWALDER, JOSEF. I miei dieci anni di prigionia. Rivolta e Regno del Mahdi in Sudan. EMI, 1998.

VIDALE, MARIA (a cura). Amalia Andreis: una Martire della Mahdia si racconta. Todas las cartas de Amalia Andreis en: Archivio Madri Nigrizia, 4(2002).

SCANDOLA, ATTILIO. Ti seguirò in terra arida. S. Giovanni Lupatotto, 2004.