Hna. Concetta Corsi

Concetta Corsi:
fiel hasta el fin, no obstante todo…

“Pero que nuestro llanto y nuestro sufrir sean semejantes al que sufrió y padeció por nosotros el Hijo de Dios, o sea lleno de valor y resignación… ofrezcámonos a Dios como víctimas destinadas al sacrificio, confiemos en su omnipotencia… Mi esperanza está en Dio: Me dirigiré a Aquel que todo lo puede, y de cuyas manos descienden todas las gracias”…  Concetta Corsi, 26 agosto 1878).

Ciertamente el día en el que, desde Berber, escribía a su madre estas palabras para confortarla y ayudarla a comprender el significado más profundo del dolor, Concetta Corsi no podía imaginar cuanto un día, habría necesitado de repetirse a sí misma estas palabras, de rezar con los mismos acentos…

Proveniente de Barletta, Concetta había entrado a los 24 años con las Pías Madres de la Nigrizia, en el 1874. Habiendo partido para África con las primeras cinco misioneras combonianas en el 1877, había sido compañera de sor Maria Rosa Colpo en la fundación de la colonia agrícola de Malbes, de la que tuvo que retirarse “provisionalmente” a la muerte de sor María el 17 de septiembre  de 1881.

En efecto, lo que se esperaba era poder reanudar cuanto antes el bellísimo trabajo comenzado. En cambio las cosas tomaron otro camino, y a Malbes no se regresó.

El 10 de octubre de 1881 Daniel Comboni moría, mientras de la provincia del Cordofan la insurrección islámica guiada por el “Mahdi” se volvía cada vez más seria y amenazaba con extenderse a todo el Sudan. En efecto, el 19 de enero de 1883, El-Obeid se rendía por el hambre después de un asedio que duró más de cuatro meses. También la comunidad cristiana de Denle había sido traicionada. El dolorosísimo “via crucis” de las misioneras y de los misioneros combonianos prisioneros del  Mahdi había comenzado…

El primer año de cautiverio transcurrido en el campamento mahdista se había hecho menos duro por la esperanza de que el ejército  anglo-egipcio pudiese vencer a los insurrectos sudaneses. Pero luego sucedió la terrible derrota del general Hicks (noviembre del 1883), que había abierto a las fuerzas del Mahdi el camino hacia Jartum.

Separadas en primer lugar de los cohermanos y más tarde entre ellas, las jóvenes hermanas vivieron semanas terribles. La condición que les pusieron para volverse a reunir fue que se adecuasen al uso islámico que quiere a la mujer sometida a la autoridad masculina.  El mismo Mahdi estableció una fecha para los “matrimonios”, de celebrarse según el uso musulmán. Por suerte no eligió personalmente a los “maridos”. Estos, de origen europea, aceptaron limitarse a las apariencias, en la esperanza de una próxima liberación seguida de una recompensa adecuada de parte de la misión, por haber protegido a las hermanas. El pacto fue respetado, pero no de todos.  Concetta, por desgracia, es “traicionada” y violentada, teniendo que sufrir las consecuencias…

Así, mientras en el 1885 Maria Caprini y Fortunata Quascè son liberadas, ella debe quedarse…

En el 1891, cuando se presenta por fin, una segunda posibilidad de fuga, Concetta comprende que esta vez  también ella será liberada pero de modo distinto y para siempre. Omdurman, en aquel periodo, era azotado por una violenta epidemia di tifus. Asistendo a un niño, ella fue contagiada y no consiguió superar la crisis. “Para mi ya no hay nada más –le confió a sor Elisabetta Venturini – muero, y muero contenta”.

“Según la costumbre sudanesa escribió luego don Giuseppe Ohrwalder – compusimos su cadáver en una tela, la envolvimos en una estera por no haber ataúdes y la llevamos.. allá – en el desierto donde ella, a menudo, dirigía la mira con vivo deseo”…

Hoy nosotras la recordamos como ¡una de nuestras primeras mártires!


 Quien quisiese profundizar más pùede leer:
PEZZI, Elisa. L’Istituto delle Pie Madri della Nigrizia: 1881-1901. Vol. 2°, Roma, 1987,

GAIGA, Lorenzo. Donne tra fedeltà e violenza. EMI, Bologna, 1993.

VIDALE, Maria (a cura). Le Pie Madri della Nigrizia: Raccolta biografica. Vol. 1° in: Archivio Madri Nigrizia, 10(2005)73-108.