Hna. Faustina Stampais

Una cuestión de prioridad…

La única objeción que Faustina Stampais presentó a su primo don Daniel, cuando la invitó a partir con él para África, fue que ella quería, antes, ser religiosa. Por el momento no es posible – le respondió el futuro fundador de las Pías Madres de la Nigrizia – porqué la congregación no existe todavía. Pero la Misión sí. Por consiguiente, mientras tanto, nosotros nos vamos…

En aquel mes de enero del 1869, en Verona, Faustina se había encontrado  con Daniel por primera vez. De aquel primo misionero, ciertamente había oído hablar en la familia, pero nunca había tenido ocasión de conocerlo. En efecto, había sido Daniel, a buscarla, después de haber sabido, quien sabe como, que otra joven de la familia Comboni había escuchado esa llamada tan especial. Entonces pidió a su padre que sirviese de intermediario, dirigiendo a Faustina una carta acompañada de una foto y del  Plan para África. Y  el “abuelo Luigi” lo había hecho, feliz de conocer, a su vez, a la hija de la querida sobrina Maria Anna.

Misionera laica

También Luigi Comboni había comprendido que Faustina buscaba “como” podía responder a una llamada que ella sentía urgente, pero él simplemente la anima a ser Hija de María. Y no comprendió en absoluto, al menos en un primer momento, cuando la sobrina le escribió desde  Verona – donde había ido para encontrarse con Daniel – que marcharía con él, así, sin equipaje, son siquiera volver para despedirse de familiares y amigos. Misionera laica. Hoy podría parecer una decisión descontada, pero no lo era ciertamente en el 1869…

En 1876, la congregación ya existía…

Llegada al Cairo hacia finales de febrero de 1869, Faustina se había inserido sin mayores dificultades – como estudiante de árabe y como maestra de economía doméstica – en el Instituto del Sagrado Corazón de Maria, donde entonces se preparaban las “mujeres del Evangelio” combonianas, antes de la partida para África Central. Por eso, en junio de 1873, a penas llegada a  Jartum después de un viaje nada fácil  de 98 días, aceptaba continuar con  Daniel – ahora pro vicario apostólico – y con otras dos valientes compañeras – Domitila y Fortunata – hasta llegar al corazón del Kordofan, y dar inicio a la obra femenina de El-Obeid, donde el tráfico de esclavos y esclavas era más intenso.

Cuando, el año siguiente, las tres valientes pioneras fueron alcanzadas por las Hermanas de S. José de la Aparición, Faustina comenzó a pensar que tal vez había llegado también para ella el momento de hacerse religiosa misionera, naturalmente. En Verona, en aquel momento, la Congregación existía, y Faustina entró el 10 de junio de 1876…

Fundadora de un noviciado comboniano en El Cairo

Después de hacer voto de obediencia, el 25 de enero de1880, su primo ahora obispo – le pidió algo duro: quedarse en El Cairo con las últimas que habían llegado, mientras él continuaba a Jartum donde, por desgracia, esta vez iba para morir. Pero la historia, seguiría su curso y Daniel quería que hubiese continuadores y continuadoras de una Obra –la misionera- que no podía interrumpirse.  Antes de despedirse, Faustina por última vez, le pidió iniciar en el Instituto del Sagrado Corazón de María, otro noviciado femenino: el segundo, en África, después de el de El-Obeid…

En el  espíritu del Buen Pastor

Con la muerte del Padre – 10 de octubre de 1881 – parecía que el Adversario hubiese decidido aprovecharse para desencadenar,  alrededor de la plantita que acababa de brotar, las tempestades más violentas y temibles. También  Faustina, por un momento, tuvo la impresión de ser arrastrada. Pero se recuperó…

En 1889, de nuevo laica, pero siempre “mujer del Evangelio”, volvía a recalar a las riberas del Nilo… Otras “ovejas dispersas”, como ella, andaban alrededor de la  colonia agrícola que el sucesor de Daniel Comboni – Francesco Sogaro – había organizado en las cercanías de El Cairo para los refugiados del Sudan. No estaban todos, y muchos se sentían desorientados, casi perdidos. Entre los cuales, algunas maestras africanas del Instituto Mazza, como Regina Zarifa, Giulia Bakita, Rosina y Elisabetta Kaltuma, Domitilla, Marietta Maragase…. Y Faustina, que “en la misión valía por dos”, volvió a llamarlas para reunirlas y formar con ellas, una nueva comunidad misionera y un nuevo cenáculo de apóstoles.