Hna. Fortunata Quascè

Regenerar África con África

“Por tanto, lo que nosotros osamos proponer… es la creación de innumerables Institutos de ambos sexos que circunden toda África…

Del grupo de la jóvenes negras que no se sientan llamadas al estado conyugal, se formara la sección de las Vírgenes de la Caridad… la más selecta falange del  Grupo femenino destinada a dirigir la escuela de las niñas, llevar a cabo las funciones más importantes de la caridad cristiana y ejercitar el ministerio de la mujer católica entre los pueblos de la Nigrizia”…

(Del “Plan” de Daniel Comboni)

Ella, niña sin nombre y sin familia, tendría unos ocho años cuando llegó a Verona con otras compañeras y compañeros. Era el mes de julio de 1853, y la acogida que recibieron en las  casas-familia del Instituto Mazza, fue cálida como el sol que inundaba la ciudad.

El día de su bautismo, le impusieron el nombre de: Fortunata. Con esto, la pequeña ex esclava adquiría también una identidad y recibía un programa de vida: crecer y convertirse en una mujer africana cristiana, dispuesta a ser seno regenerador para muchas hermanas y hermanos que, como ella, habían sido arrancados de su raíces; reducidos a una condición infrahumana e impedidos así, de de llegar a ser “pueblo de Dios”. 

Fundadora de la obra femenina del Kordofan

En enero de 1873, después de unos cinco años de “rodaje” transcurridos en el Instituto comboniano de El Cairo, Fortunata retomaba, por fin, bajo la dirección del Misionero de la Nigrizia, el camino de regreso hacia su tierra de origen, África Central. Significativamente, en aquella expedición de 26 misioneros, el elemento femenino era casi el 70% del total. Daniel Comboni continuaba convencido de que la regeneración de África se conseguiría sobre todo por la acción de la mujer.

Después de 99 días de un viaje desastroso, el grupo había llegado a Jartum. Pero para  Fortunata,  el viaje todavía no había terminado. Daniel pensaba llagar hasta El-Obeid, capital del Kordofan, gran centro de selección de esclavos y donde no se había visto nunca una mujer cristiana. Entonces fueron con él: Domitila, Faustina y Fortunata. Tres jóvenes mujeres valientes y decididas: en efecto, pocas semanas después la obra femenina del Kordofan era ya una realidad

Daniel sugería, animaba y aprobaba. El día en que vio a Fortunata ofrecer a una joven catecúmena el pan blanco preparado por las religiosas, sonrió satisfecho,  De este modo, la catequista no inducía a reivindicar derechos, sino que favorecía la experiencia de la fraternidad evangélica. Con ese gesto, quería hacer comprender a Bianca Lemuna que “ellas”, las mujeres distintas venidas de lejos, las amaban y las sentían verdaderamente hermanas…

Lo primero el Evangelio,  luego la cultura…

Cuado Sudan fue arrastrado por una insurrección islámica denominada “mahdia”, y Fortunata fue hecha prisionera con otras hermanas, unas quince, y con hermanos, sus verdugos se maravillaban cuando la veían tan decidida, no obstante las torturas, a no abandonar al Dios de Jesucristo. No habían entendido que para ella no se trataba de “un” Dios extranjero, sino “del” verdadero y único, Madre y Padre de toda la humanidad. 

Por desgracia, no fueron solamente los mahdistas, a maravillarse del comportamiento de Fortunata. Ni siquiera Antonio M. Roveggio, segundo sucesor de Daniel Comboni, consiguió comprenderla cuando, en la escuela femenina de Assuan, ella se negó a dejar la dirección porque su color, demasiado oscuro, no era del agrado de sus alumnas más claras…

En aquel tiempo, Fortunata era ya religiosa de muchos años, y según el Obispo debía sencillamente obedecer.  Al negarse a hacerlo en nombre de un  criterio evangélico – o del Plan del Fundador – si comportaba como una religiosa no ejemplar, desde el punto de vista del modelo veronés…

Se trató de un conflicto que para Fortunata fue como una noche oscura del espíritu. No entendía, no podía entender… Entonces se limitó, a beber su cáliz hasta las heces, tal vez sin darse cuenta, antes de morir, que su sufrimiento podía ser “bueno”, como el del trabajo que precede al parto, y anuncia el nacimiento de una nueva vida…