Hna. Maria Caspi

La “primogenita” de Daniel Comboni

Era la tarde del 31 de diciembre del 1871. Don Daniel Comboni, acompañado de una joven de 19 años llamaba a la puerta de las señoritas Zago, de Montorio veronés. Dado que le habían ofrecido su  villa para las futuras misioneras de África Central, venía a pedirles si podían hospedar a la primera candidata. En efecto, era importante que al día siguiente, ante el Consejo Superior de la Obra del Buen Pastor, él pudiera asegurar que las aspirantes ya estaban listas y por consiguiente la nueva congregación femenina –la primera que nacía en Italia exclusivamente misionera- pudiese declararse fundada.   

Como de hecho sucedió: el 1°  de enero de 1872, en Verona, Daniel Comboni era autorizado por el obispo para ser Padre y Fundador de las Pías Madres de la Nigrizia. María Caspi se convierte así en  “la primogénita”, y como tal, el Fundador la reconoció siempre.

En la villa de Montorio la primogénita no estuvo sola mucho tiempo. Antes de que el mes de enero terminase, había ya llegado María Teresa Scandola, conocida después como Sor María Giuseppa. Cuando, el 14 de septiembre de 1872, el mismo Daniel Comboni – entonces pro vicario apostólico de África Central – regresó a Montorio para ayudarlas a cambiarse a la casa que había adquirido para ellas, en Verona, las jóvenes aspirantes eran ya tres y una cuarta esperaba en  Vía S. María in Órgano. Eran jóvenes “mujeres del Evangelio” que sabían en quien habían creído, capaces de esperar con confianza la hora que vendría, la realización de un sueño que, por el momento era solo eso.

De dos en dos años…

Ho debe haber sido una espera fácil. Se necesitaron dos años antes de que el verdadero noviciado pudiese comenzar, con la entrada de María Bollezzoli, su maestra y formadora; y luego otros dos más para que se comenzasen a pronunciar los Santos Votos que las consagrarían para siempre a la Misión. 

Aquel día, 15 de octubre de 1876, Daniel Comboni quiso presidir personalmente la celebración religiosa que abría la fila – que todavía continúa a ensancharse – de “sus” religiosas, las “Pías Madres” de los últimos, de los excluidos, de los oprimidos…

María Bollezzoli y Teresa Grigolini fueron las primeras. Luego las siguieron María Caspi, Giuseppa Scandola, Rosa Zabai…

Ahora, por fin, ya solo faltaba partir. La tarde del  12 de diciembre de 1877 Verona despedía al Obispo de Jartum que acompañaba a África el primer grupo de Pías Madres de la Nigrizia. En efecto así las había llamado: luego les había consignado, sujeto por un cordoncito rojo, el Crucifijo que iba a anunciar y a testimoniar

El significado de aquel cordoncito rojo era evidente: su compromiso, en caso de que fuese necesario, sería hasta la muerte sin que nunca se echasen para atrás. 

Ofrecer la vida puede significar también reconciliarse

Para sor Marietta Caspi, la primogénita de Daniel Comboni, el momento de ofrecer su vida llegó en el mes de mayo de 1880. Ella se encontraba en El-Obeid, en el corazón del Sudan, donde, desde finales de 1873 las “mujeres del Evangelio” habían iniciado “la obra femenina del Kordofán”, tan deseada por el Apóstol de la Nigrizia.

En el mes de febrero precedente, cuando ya la arena del desierto había cubierto el cuerpo de sor Maria Bertuzzi, la primera Pía Madre que sucumbía, a los veinte años, en el suelo africano, sor Marietta se encontraba pensando – dadas sus condiciones de salud – que ahora le tocaba a ella . Se lo había confiado a Demetrio Prada, el joven viajero milanés a quien un terrible ataque de disentería y de fiebre le había obligado a pedir hospitalidad en la misión

Pensando en su madre lejana, Demetrio confiaba su pena a su enfermera. Pero ella le dijo que no tuviese temor. Moriría primero ella, ofreciendo su vida con gusto para que una madre lejana pudiese volver a abrazar a su hijo. 

Y entonces, improvisamente comprendió: aquel gesto de generosidad era para él un signo de una reconciliación que esperaba desde siempre. Restituyendo el hijo a la madre de Demetrio, ella perdonaba por fin, a la suya que no había conocido.  Y tuvo la certeza de que en un modo misterioso, ella habría podido apoyar la cabeza sobre el corazón de su madre… 

Si quieres saber algo más lee:

PEZZI, Elisa. La primogenita. Roma, 1980.

VIDALE, Maria. Maria Caspi: la “primogenita” di Daniele Comboni. In: Archivio Madri Nigrizia, 10-A/1(2005)11-35.