MADRE MARIA BOLLEZZOLI

Primera Superiora General

Maria Bollezzoli hija única de Michele y Teresa Zata, nació en Verona el 25 de enero de 1828.  De buena posición familiar, obtuvo el título de maestra.  Desde muy joven se sintió fuertemente atraída hacia la vida del claustro, pero tuvo que renunciar para asistir a sus padres que tenían necesidad de ella.

Cuando se quedó sola, se puso a disposición de su Párroco, Don Zefirino Agostani, en la Parroquia de San Nazario y trabajó en el apostolado, sobre todo a favor de las chicas pobres.  Luego entró a formar  parte de la Pía Unión de las Ursulinas.

Requerida por Mons. Comboni para asumir la responsabilidad de las jóvenes aspirantes a la misión africana, en un primer momento se resiste, pero luego, reconociendo en esta propuesta, repetida e insistente, la voluntad de Dios, animada por el Cardenal De Canossa, Obispo de Verona, el 6 de septiembre de 1874, pasa por Santa Maria in Órgano y se queda para siempre en la Casa Madre: su sí, es un si irrevocable a la Voluntad de Dios, en la fe.

Asume el Instituto todavía sin forma, en sus comienzos.  Las jóvenes que le son confiadas están saliendo de duras y negativas experiencias. Se une a ellas y con ellas hace camino: el 8 de diciembre de ese mismo año (1874) toma, junto con las jóvenes el hábito, ceremonia que da inicio al Noviciado y dos años después, l 15 de octubre de 1876, con Sr. Teresa Grigolini, emite, la primera, los votos religiosos en las manos del Fundador.

A la muerte del Fundador – 10 octubre de 1881 – no se desanima.  Fiel a la palabra dada, encuentra en la oración la fuerza de repetir su sí y confirma a las Hermanas en su vocación misionera:

“Hijas muy queridas ánimo, sed fuertes y generosas, no os desalentéis, no os turbéis, sino que intrépidas manteneos en el lugar que os ha sido asignado por la divina Providencia…”

Durante su generalato el Instituto vivió los eventos dolorosos de la Mahdia: cautiverio de las hermanas de Delen y de El Obeid, fuga de Jartum a Egipto de las otras.  En Verona, la inundación del Adigio en 1882.  El Instituto tuvo graves dificultades económicas.

Antes de su muerte- 23 abril de 1901 – Madre Maria Bollezzoli tuvo el consuelo de ver reabiertas las puertas del Sudan y también reanudada la actividad misionera, después del fin de  la  Mahdia el 2 de septiembre de 1898.

SU TESTAMENTO

AMAOS.  MI MAYOR ALEGRÍA EN EL OTRO MUNDO SERÁ EL VEROS AMAR Y COMPARTIR MUTUAMENTE.
YA SOMOS HIJAS DEL MISMO PADRE.