Quiero compartir con ustedes mi experiencia en la familia de María Madre de los Pobres. Desde que comencé a participar en este apostolado, mi vida ha cambiado por completo. Me he dado cuenta de que ser parte de esta familia no solo es una labor enriquecedora y transformadora, sino que también es un acto de fe.
En el centro donde trabajo, atendemos a más de 300 personas a diario, brindándoles un almuerzo, paquetes de comida, una tiendita de ropa, y espacios de formación. Todo esto se hace con la intención de ayudar a las personas más necesitadas y de mejorar su calidad de vida.
Pero la verdad es que, en este proceso, somos nosotros los que recibimos la mayor recompensa. La sonrisa de los niños, la alegría de la gente, la satisfacción de terminar un proyecto de artesanía, son solo algunas de las maneras en las que somos recompensados por nuestro trabajo.
Ser parte de esta familia de María Madre de los Pobres es una oportunidad para crecer como personas y para hacer una contribución positiva al mundo. La fe, la solidaridad y el amor son los valores que nos unen en esta labor, y nos permiten sentir la presencia de Dios en nuestras vidas de una forma más profunda.
En resumen, quiero agradecer a la familia de María Madre de los Pobres por haberme permitido ser parte de este apostolado y por haberme brindado la oportunidad de hacer algo significativo por el mundo. Ha sido una experiencia enriquecedora y transformadora que nunca olvidaré. Si alguien está buscando una forma de hacer la diferencia en el mundo, les recomiendo que se unan a esta familia. Juntos podemos hacer grandes cosas.
Emanuel Barrientos, Director del Centro Maria de los Pobres
Costa Rica

