Cada semana, como comunidad, vamos a los campamentos de Beduinos en el desierto de Palestina, donde visitamos los preescolares (escuelitas que iniciaron desde hace 12 años nuestras hermanas combonianas). Hace aproximadamente un mes, la visita que hicimos a Abu Hindi fue especial ya que nuestros bienhechores venían a encontrarlos.
Abu Hindi, es un campamento Beduino que se encuentra entre montañas de basura, y el camino para llegar a ese campamento es difícil pero siempre habíamos entrado sin tanto problema, para nuestra sorpresa un día anterior a nuestra visita había llovido tanto, pero las maestras nos dijeron que el camino era seguro.
Así al día siguiente nos pusimos en marcha pero a la entrada del camino nos encontramos un lodazal, tanto que el coche se patinaba, pensamos retornar y suspender esa visita pero finalmente conseguimos entrar, cuando llegamos el recibimiento fue muy cálido, las tres maestras con los niños ya nos esperaban, jugamos con los niños y platicamos con las maestras; cuando estábamos por irnos nos trajeron un desayuno bastante completo y variado, en ese momento dijimos ‘’que bien que al final logramos entrar sino las hubiéramos dejado con todo colgado’’, ya que habían preparado todo con tanto gusto, gratuidad y generosidad. El compartir la mesa con ellas es un signo de cercanía y familiaridad y así lo vivimos cada una de nosotras viviendo la fraternidad con nuestras hermanas musulmanes.
Hna. Expedita y la Hna Ma. Lourdes con algunas señoras del campamento beduino en Palestina.
Pero no todo acabaría aquí, cuando estábamos ya de regreso teníamos que pasar de nuevo por el mismo camino lodoso, esta vez no tuvimos la misma suerte ya que esta vez el coche se quedó atascado, intentamos sacarlo cogiendo desechos de la montaña de basura pero no lo conseguimos. Después de media hora llegaron a auxiliarnos dos jóvenes, uno de ellos era el hijo del responsable de comunidad; que al ver que el otro chico no consiguió sacar el coche, sin dudarlo ni un segundo, abrió su coche, cogió el cinturón de seguridad y con una navaja lo corto, todas al ver lo que estaba haciendo, intentamos impedírselo, pero el hizo caso omiso, lo único que quería era buscar la manera de ayudarnos; así , amarro el cinturón de seguridad de su coche al nuestro e inmediatamente lo saco, dejaron nuestro coche en un lugar seguro y sin más se marcharon, una de nuestras hermanas quería retribuirle en actitud de agradecimiento pero ellos no lo aceptaron.
Todas nos quedamos estupefactas al ver la reacción y actitud del chico, que y en menos de 5 minutos ya nos había resuelto el problema; y sobre todo quedamos muy agradecidas por la generosidad invaluable de ese chico que sin pensarlo dos veces puso todo lo que tenía para ayudarnos, sin condición alguna de religión, cultura o nación. La pregunta que nos dejó a reflexionar fue, ¿Yo sería capaz de hacer algo semejante por mi prójimo?
María de Lourdes García Grande,mc
Misionera en Medio Oriente

