Hoy es un día muy especial, lleno del recuerdo de nuestros seres queridos que se han ido pero que en realidad nunca nos han abandonado. La sangre de ellos sigue corriendo por nuestras venas y sus recuerdos hacen que nuestros corazones sigan palpitando con una alegría plena y serena.
Hoy estamos invitados a hacer memoria de aquellos momentos vividos juntos y sentir una ausencia que colma de paz y serenidad nuestros corazones porque nos da la certeza de una presencia trascendental que va más allá de nuestro ser físico. Ahora mas que nunca ellos son carne de nuestra carne, hueso de nuestros huesos (cf. Gen 2, 23).
El dolor, el anhelo, la tristeza se vuelven una alabanza de agradecimiento a Dios por el don de la vida de nuestros seres queridos y una oración que evoca el recuerdo por encima del olvido.
Por ello, este día privilegia el ritual de visitar la tumba de nuestros seres queridos, ofrecerle flores y velas para unir nuestro agradecimiento y oración al Dios de la Vida que nos consuela a través de la memoria y el recuerdo de nuestros seres queridos que nunca nos dejaron pues siguen vivos y palpitando en nuestros corazones.
Nuestro ser misionera nos ha permitido acompañar a muchas personas y vivir este día memorial con distintos rituales y enriqueciendo el nuestro. Que el Dios de la Vida consuele a todos aquellos que dejaron morir la esperanza y la fe.

