Luisa llegó a nuestras vidas, Proyecto Despertar, al improviso y como un regalo del cielo pues nos enseñó mucho sobre el amor.
Ella es natural de Bielorrusia (Europa del Este) y vino a Portugal en el año 2012 a propósito de la muerte en extrañas circunstancias de su joven hija quien vivía en Portugal y dejaba dos hijos menores.
Se acercó al proyecto Despertar años más tarde, creo que en 2016. Estaba desesperada y sola, no hablaba portugués y no entendía cómo de pronto la justicia la condenaba. Le quitaron todo lo que había sido de su fallecida hija, incluso la posibilidad de ver a sus nietos quienes fueron a un centro de menores.
Ella gastó todo lo que tenía en abogados y guardaba enormes cantidades de papeles y documentos con los que trataba de explicar su historia y su lucha. Comprendimos que era la víctima de un complot y de ser quien pedía justicia acabó por ser condenada…
Acogida en nuestra casa
Intentamos ayudarla a través de los diferentes medios de que disponíamos. La colaboración de cada miembro del equipo de Despertar fue indispensable pues Luisa se quedó literalmente en la calle.
La acogimos en nuestra casa. Por las tardes venía nuestro proyecto Despertar, a la hora que estaban los niños y adolescentes y les enseñaba a coser al tiempo que arreglaba los remiendo y descosidos de los pantalones de los chavales. Rápidamente se hizo querer por todos.
Grupo “Entre-nós”
Entre tanto en Despertar funcionaba el grupo “Entre-nós” un grupo de señoras
que cada sábado por la tarde nos reunimos para actividades relacionadas con
terapia ocupacional, Luisa formaba parte del grupo donde a pesar de no saber la lengua era comprendida y acogida. Entre todos pudimos ofrecerle el calor humano que necesitaba.
Proceso de Legalización
Posteriormente y siempre a través de personas relacionadas a Despertar consiguió tener los documentos en regla de modo que empezó a recibir una pequeña ayuda económica social. Desde hace poco más de un año fue acogida en la casa de las hermanas franciscanas que dirigen una casa de reposo para señoras ancianas.
Con frecuencia me comunico con Luisa. Me une a ella cariño y admiración por su valentía. Se enfrentó a todo tipo de situaciones para tratar de descubrir qué fue que le pasó a su hija y hacer justicia. Nunca desistió de su intento de restablecer la relación con sus nietos que ya son mayores de edad.
Junto a Luisa hay tantos nombres que a su vez formaron y forman parte de la vida de Luisa y de mi vida. Está por ejemplo Zinha Eé, natural de Guiné Bissau. Otra luchadora y con un sentido de la dignidad increíble.
Enferma, sin nada, sola… pero como ella dice en “Fetais encontré lo más parecido a una familia”. Hoy trabaja limpiando baños en un centro comercial y ahorra dinero para poder traer consigo a su hijo de 15 años.
Hna. Maricarmen López Galán, mc
Misionera en Europa

