Antes que nazca el día, en el silencio que prepara la aurora, el sol se deja ver discretamente, pero ya desde hace un buen momento los y las vendedoras están en el mercado para afrontar la jornada con la esperanza de vender sus productos y llevar el sustento a sus familias.
Poco a poco saludamos el día y el sol comienza a golpearnos fuerte con sus rayos brillantes y luminosos. Se aprecia todo un escenario, las voces retumban de los vendedores, y, los productos de la madre tierra están ahí frescos y expuestos a los pasantes que ya han iniciado sus compras.
Al dormirse el sol, todos desean regresar a sus casas sin lo que llevaron al mercado, para esto hay que conquistar los clientes para convencerlos de adquirir las diferentes mercancías. Todo un esfuerzo cotidiano y perseverante. Así todos los días.
Nos situamos en Yaundé la capital de Camerún, en uno de los grandes mercados llamado Mfoundi. Aquí hay vida y movimiento, luchas y esperanzas, sacrificio, y esfuerzos, que llueva o haga calor, que se venda poco o mucho, es un trabajo constante desde que amanece hasta que anochece.
En este cotidiano de la gente y donde los podemos encontrar cada día, nos sentimos impulsadas a ser testigos de Jesús el Dios con nosotros que quiso plantar su tienda en nuestra realidad, en este mercado.
Un equipo de dos señoras, dos hermanas y un sacerdote, a la invitación del Arzobispo, hemos trazado un programa para acompañar de manera muy original el camino de fe de los y las vendedoras.
Una pastoral de proximidad, de encuentro, de escucha, de involucrarnos y no pasar de lejos, es el gran reto de una evangelización que es encarnación y testimonio.
En este tiempo de cuaresma recorremos el mercado rezando la vía crucis, los viernes al llegar medio día las señoras responsables de los dos sectores del gran mercado Ayssi y Agnese, con entrega generosa, dejan sus puestos de venta por un momento y corren a paso aligerado a la Catedral Notre Dame des Victoires a recoger la Cruz que nos precederá en este momento de oración donde acompañamos a Jesús en su pasión-muerte y resurrección.
Pero antes ellas se han tomado el tiempo para organizar, sensibilizar, e invitar a la gente para que participen.


Nos hacemos paso entre los productos que están por todas partes y recorremos cada rincón rezando la vía crucis entre frutas, verduras y ruidos, en una realidad tan compleja como es el mercado, a veces desafiando el mal tiempo.
La gente acoge con rostros alegres y esperanzadores la iniciativa de poder tener un momento de oración en el lugar en este favorable de cuaresma.
Las estaciones ya están señaladas y de vez en cuando un pequeño altar nos invita a detenernos y recogernos en oración.
Al Señor le confiamos la realidad de cada persona, cada familia y cada vendedor y vendedora del mercado. Él se hace próximo, sigue enjugando lágrimas y dando ánimos, escuchando los clamores de su pueblo.
En el corazón se renueva la esperanza en el DIOS DE LA VIDA, en el Dios que camina con su gente y no es indiferente a la realidad que viven.
Las fieles seguidoras son las mujeres que, haciendo un alto, confían a sus vecinas el puesto de venta para ponerse en camino, acompañando a Jesús en su pasión, de la misma manera que lo hicieron las mujeres de Jerusalén.
Cuando caminamos cantando y rezando, muchos nos miran, otros se unen al grupo y caminan con nosotras, otros con respeto se quedan estáticos esperando que pasemos, otros siguen su camino, algunos nos piden una bendición….de vez en cuando escuchamos también el pastor que predica con su micrófono en medio de la gente. En fin todo un panorama.
Es un momento profundo, admiro las personas que en medio de la confusión y el ruido saben crear un espacio interior para escuchar lo esencial en ese momento y testimoniar de su fe.
Durante todo el año tendremos otras actividades como la Eucaristía en los diferentes puestos de venta, el Rosario itinerante, y daremos inicio a la preparación y acompañamiento de las personas que desean iniciar la catequesis en preparación a los sacramentos, estamos disponibles para venir al encuentro de los que no pueden participar a la Parroquia durante la semana a causa del trabajo, nos adaptándonos a sus horarios y días favorables. Nuestra sala de encuentros será el corazón del mercado.
La proximidad, el encuentro, ponernos al servicio es lo que nos motiva cada día a buscar nuevos caminos para anunciar a Cristo y ser testigos de un Dios que no se queda alegremente en su cielo, sino que se abaja y camina él también con su gente, que los alienta, un Dios que suda a diario en los que luchan por llevar el pan a sus casas. Un Dios que está en las calles y los mercados.
En colaboración y fraternidad con el equipo estamos siempre en salida hacia las periferias existenciales, recreando y dinamizando continuamente nuestro carisma, escuchando la realidad y siendo creativas para ir de prisa ahí donde la vida clama y donde estamos llamadas a reavivar nuestra pasión por el anuncio del Evangelio.
En los rostros concretos que encontramos nos hacemos don y pan para que Jesús llegue al corazón de las personas y su Evangelio aliente y de nuevas fuerzas a los que lo buscan.
Y a medida que nos entregamos con alegría nos retroalimentamos y nos regeneramos nosotras también, porque las personas que encontramos nos cambian y nos muestran el rostro de Jesús, dejándonos llevar e inspirar por la novedad del Espíritu, en lo más ordinario de la vida como lo es el mercado.
Yolanda Ramírez Salas
Misionera Comboniana en Camerún.
