Del 21 al 25 de Junio nos hemos reunido en la Ciudad de México más de treinta hermanas que conforman nuestra provincia, procedentes de México, Costa Rica, Perú, Eritrea, RD del Congo, Uganda, Kenia, Italia, España y Portugal. En un clima de jubileo, el “cenáculo misionero”, como llamaba San Daniel Comboni nuestras comunidades, convivió durante cinco días de Asamblea orando, escuchando, reflexionando, discerniendo, compartiendo, y celebrando juntas el clima pre-capitular.
Sin duda este encuentro ha sido novedoso en su perspectiva de ventana abierta hacia el horizonte futuro. Hemos podido considerar juntas los diferentes aspectos de nuestra presencia en el continente Americano. Hemos llamado por nombre los desafíos de nuestro tiempo, asi como nuestras incertezas y temores, somos conscientes de nuestra realidad numérica y generacional, nos reconocemos en unos pocos panes y dos peces para alimentar a muchos, recordamos las palabras de Comboni que se referían a la “milagrosa debilidad”.
Por otro lado ha sido más fuerte la convicción y la esperanza, el celo misionero que sentimos arder dentro de cada una de nosotras que nos hace mirar el futuro con fe en la Providencia. No obstante el número de hermanas disminuya, el hambre de Dios que tiene la humanidad, nos recuerda que nuestra presencia misionera, nuestra consagración tiene un sentido y es un signo del “Dios con nosotros”. Nos encaminamos hacia el nuevo horizonte de la unificación del continente como comunidad para difundir la alegría del Evangelio haciendo causa común con los más pobres y abandonados.






