Ha sido en Brasil donde las personas me han “iniciado” en mi misión como misionera comboniana: evangelizar. Una misión que ha conllevado conversión, encuentro y profetismo.
El proceso de inculturación en las diferentes culturas ha sido un proceso de conversión personal. En Brasil, los pueblos indígenas me desafiaron a pensar creativamente, a relacionarme con Dios de una manera diferente, y a cuidar de las generaciones futuras. La lucha por la tierra de los Tupinikim y Guarani era pensada como herencia para las futuras generaciones. Los Tenharin en Amazonas pensaban en sus hijos y nietos cuando nos pidieron de enseñarles a escribir su lengua y recuperar sus historias. No deseaban que esta parte cultural tan importante muriese con ellos. A través de su pasado, leyendas y mitos, ellos iban descubriendo como la Palabra ya estaba encarnada en su cultura y experimentaban con más profundidad el amor de Dios. Al mismo tiempo, yo iba releyendo mi propia historia y transformando mi relación con Dios. Papa Francisco nos invita a “a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades.” (EG 33). La evangelización de cada pueblo requiere metodologías que sean dinámicas, creativas y que vayan de acuerdo con el contexto cultural. La misión es un proceso constante de conversión para la misma Iglesia.
Para ir al encuentro de otras culturas, Dios me ha invitado a quitarme las sandalias. Cada tierra es sagrada y tiene su propia identidad e historia. Reconocer, escuchar y valorar las identidades personales y culturales es esencial para la evangelización hoy, esta es una manera de ir al encuentro de la otra persona como nuestra hermana. Los indígenas encuentran los puntos comunes de encuentro y dialogo para establecer lazos e interconectarse con otras culturas y con la creación. En un mundo que está en movimiento y en constante redefinición de fronteras y periferias, estamos llamadas a ser puentes entre los diferentes pueblos y culturas, a establecer lazos y reconocernos en nuestras diferencias como hermanos y hermanas.
Las nuevas metodologías proféticas de evangelización requieren colaboración y no protagonismo. Una colaboración que empieza como comunidad. El Papa Francisco nos dice que “Una comunidad evangelizadora también es solidaria, estando al lado de las personas en cada paso del camino, sin importar cuán difícil o largo resulte.” (EG 24). Como comunidad nos cuestionábamos constantemente como podíamos ser una presencia profética en medio de situaciones de injusticia y violencia. Esto nos llevaba a tomar decisiones y opciones radicales desde nuestros valores evangélicos. La colaboración era también con otras Iglesias, organizaciones, congregaciones y laicos en la defensa de los derechos humanos. Juntas trabajábamos por la transformación de las estructuras sociales, políticas, económicas, culturales y religiosas.
Espero que nuestro encuentro con los pueblos nos ayude a una constante conversión personal y comunitaria. Que nos lleven a acciones proféticas de solidaridad en favor de los excluidos y empobrecidos, posiciones audaces y valientes frente a injusticias concretas y específicas. Que el Espíritu nos impulse a realizar actividades que liberen, sanen y promuevan a las personas y pueblos a ser los protagonistas de cambio.
Olga E Sanchez Caro, mc
Misionera en USA
