Siempre ha habido grupos diferentes que han tenido espacios sociales compartidos y siempre han acabado intercambiando sus formas culturales. Personalmente me gusta más hablar de interculturalidad, porque es el intercambio de formas culturales entre grupos sociales diferenciados, mientras que la multiculturalidad parece ser algo más estático.
El carisma es un don del Espíritu que configura a una persona con Cristo y la hace apta para una misión en la Iglesia. Esta configuración a Cristo llevó a San Daniel Comboni a hacer la experiencia de Dios en la contemplación del Corazón traspasado del Buen pastor al servicio de la misión con una atención y dedicación particular a África y a vivir el sentido Eclesial mediante la Animación Misionera a donde iba.
Diría que el mundo y la realidad no son un desafío para nuestro carisma, porque es un carisma multicultural desde sus orígenes, pero sí, estamos llamadas a estar atentas a los signos de los tiempos. Hay diferencias sustanciales en la forma de ver el mundo y la realidad y actuar desde nuestro carisma comboniano entre un contexto cultural y otro. El desafío está si cerramos el corazón al grito de los pobres y más necesitados de hoy aferrándonos solo a los ministerios que siempre hemos llevado “siempre se ha hecho así”.
En mi vida misionera comboniana, empezando desde la primera formación, tuve que dejar mi país para abrazar otras culturas. He palpado la riqueza de la multiculturalidad vivida en interculturalidad tanto con las hermanas, como con los pueblos donde he estado.
En mis vacaciones en Chad, recorrí algunos pueblos y noté un gran cambio en la educación en cuanto a las madres adolescentes. Antes muchas chicas no seguían sus estudios después de tener su bebé ya que tenían que cuidar de él, pero el hombre sí podía hacerlo. Ahora eso ha cambiado, ellas también reconocen el valor de la educación y luchan por ello, cosa que antes era difícil.
Nuestro Carisma dice mucho al mundo respecto a la multiculturalidad, cuando estaba en España, muchos me preguntaban, ¿cómo haces para vivir con tantas hermanas europeas siendo tú la única africana? Sí, tuve mis dificultades ciertamente, pero eso hace parte de la vida porque somos diferentes. Tenemos un legado expresado por Comboni que sigue siendo siempre actual: “…mi obra no es italiana, ni francesa, ni alemana, es católica…”
En la actualidad, se observa cada vez más una pertenecía a una cultura global. El trabajo en red, inter-congregacional e interreligioso, el consumo, la necesidad de informarse mediante diferentes medios de comunicación. También las migraciones, conflictos, desastres naturales, el turismo… Todo hace que tengamos esta sensación de Cultura global y no de multiculturalismo.
Creo que es necesario que cada uno conozca bien su cultura para saber apreciar la del otro. La escucha mutua, valorar a cada persona más allá de lo que entendemos por cultura. Trabajar sobre las causas principales de las desigualdades y vivir desde “el Evangelio” desde la perspectiva de nuestro carisma y espiritualidad más allá de nuestros límites humanos y profesionales.
Benjamine Kimala, mc
Misionera en Perú
