Un saludo desde Puerto Escondido (Oaxaca-México) una linda ciudad turística sobre el Oceano Pacífico, donde se celebró el XV EPA (Encuentro de Pastoral Afro, a nivel de todo el continente). Desde estas playas donde siglos atrás llegaron esclavizados los ancestros de los pueblos afrodescendientes, hemos compartidos con todos los participantes muchos sueños pastorales y sociales en clave sinodal.
Un saludo desde Puerto Escondido (Oaxaca-México) una linda ciudad turística sobre el Oceano Pacífico, donde se celebró el XV EPA (Encuentro de Pastoral Afro, a nivel de todo el continente). Desde estas playas donde siglos atrás llegaron esclavizados los ancestros de los pueblos afrodescendientes, hemos compartidos con todos los participantes muchos sueños pastorales y sociales en clave sinodal.
Los 170 participantes al evento provenían de Panamá, Colombia, Ecuador, Brasil, Honduras, Costa Rica y del país anfitrión México que ha ofrecido una acogida y atención muy cordial y generosa. Participo también gran parte del pueblo en las celebraciones Eucarísticas de apertura en la catedral y de la clausura en la Iglesia de la Soledad, admirado por los signos de inculturación y la alegría.
Este lugar y la nueva diócesis de Puerto Escondido ha sido una opción estratégica debido a la invisibilidad y marginación que el pueblo afro ha tenido en México hasta ahora. Por eso, nuestra comunidad de hermanas combonianas, es reconocida como una presencia profética.
Como familia comboniana participamos acompañando a nuestro pueblo negro de Colombia y México, Brasil, Ecuador, cuatro sacerdotes (desde Perú padre Elisée Laye de Togo, desde Brasil padre Mossi Bernardino también de Togo, P. Rafael Savoia italiano desde Colombia, el hno. Alberto Degan también italiano desde Ecuador, la hna. Hannah Njeri Mugo de Kenia desde la comunidad comboniana insertada con la población afro de Costa Chica (México) y la hna. Daniela italiana, desde Ecuador.
Para mí, este XV EPA que, por primera vez se celebró en Puerto Escondido (México), ha sido un momento muy rico de tantos valores que el pueblo afroamericano vive y aporta a la sociedad y a la iglesia. Me ha confirmado también sobre el papel que tiene la Pastoral Afro como atención y acompañamiento específico que permite al pueblo afro formarse, crecer y expresarse al ritmo de su diversidad cultural, histórica y espiritual. En ella, los niños y los jóvenes encuentran esas raíces que les dan conocimiento, seguridad, libertad e identidad.
El intercambio cultural, la espiritualidad, las luchas y sueños que se comparten en cada EPA siempre me han ayudado a reafirmar y fortalecer la vocación comboniana llamada a hacer ‘causa común’ con África y todos sus hijos e hijas dispersados en la diáspora. Es con gran satisfacción que se visibiliza siempre más el aporte que ayer y hoy los pueblos afrodescendientes han dado y dan a la construcción y desarrollo de esta sociedad y de la Iglesia en América, a pesar de que el reconocimiento avanza mucho más lento de la riqueza de una diversidad que la sociedad y la iglesia reciben de los millones de afroamericanos. Para eso se subrayó, en este EPA, la urgencia de una descolonización de las mentes, la necesidad de cuidar la memoria histórica, la valoración del protagonismo de las mujeres en la Iglesia como lo sueña y propone el papa Francisco y, como ellas mismas lo viven motivadas y sostenidas por el Espíritu de Jesús resucitado que por primero las reconoció, envío e hizo participes de su misión evangelizadora y liberadora.
También el encuentro de religiosos/as que siguió al Epa, fue un momento y espacio de intercambio, formación e información, apoyado por la CLAR con su reflexión y proyección de una vida consagrada siempre más profética y cercana a la gente.
No me queda que agradece a todas las personas que han trabajado y se han comprometido para la realización de este XV EPA y del Encuentro de religiosos/as afro y de quienes compartimos su caminar en la Iglesia y en la sociedad.






