“Presten atención, estén alertas” son indicaciones que hemos escuchado siempre de papá y mamá. Al cruzar la calle, sobre todo, nos decían, “párate, mira a un lado y a otro y luego cruza a la otra acera”.
Nos vivimos en un cambio de época, los nuevos y cambiantes escenarios, el dolor de una humanidad que sufre, los enormes desafíos que enfrentamos como planeta, y el apresurado ritmo de vida que amenaza con sofocar y asfixiar es el contexto de los 28 días de adviento, en el cual buscamos percibir mejor dónde y cómo actúa Dios.
El tiempo de adviento nos ofrece una oportunidad única para ejercitarnos en lo que también nuestro Padre-madre Dios nos ha preparado desde siempre: hacer un alto, escuchar los anhelos del Espíritu, mirar posibilidades nuevas, prepararse para lo inesperado, y ponerse en marcha en marcha, caminando hacia su luz.
En este Adviento me llama la atención los verbos imperativos y las imágenes que aparecen en las cuatro lecturas dominicales del profeta Isaías, palabras vivas que inspiran horizontes comunes y nos sumergen en el corazón de la Navidad, el Dios con nosotros.
Hna. Cecilia Sierra,mc
