Hace más de diez años que empecé a adentrarme en un ministerio que me ha hecho tocar con mano el dolor de tantas personas, especialmente mujeres, dañadas por el crimen que más afecta a la dignidad del ser humano: la Trata de personas.
Ha sido esta experiencia la que me ha llevado a vivenciar este aspecto de nuestro carisma Comboniano. He podido contemplar en Daniel Comboni, al gran evangelizador de África Central que puso siempre a la persona al centro de su misión. Por eso, Comboni trabajó arduamente para liberar a las personas de la esclavitud y por abolir los sistemas de opresión. El buscó colaboración entre todas las autoridades civiles y eclesiales con la finalidad de acabar con el flagelo inhumano de su tiempo.
Todo esto se percibe en los escritos de Daniel Comboni, donde es casi imposible abrir una página y no encontrar su compromiso para erradicar la esclavitud de su tiempo. En este sentido me siento plenamente identificada con Comboni y con el carisma Comboniano; me siento motivada a continuar trabajando en este campo junto con otras Instituciones, a diferentes niveles: locales, nacionales e internacionales al estilo de Jesús que vino para que tod@s tengamos Vida y la tengamos en abundancia.
La experiencia hecha en un refugio para víctimas de Trata en Sudáfrica, me hizo vivir de cerca el drama de tantas personas con rostro y nombre concreto, provenientes de tantos países de África y Asia. Años más tarde, en México, conviví con jóvenes sobrevivientes de este crimen, cada una con una historia de sueños frustrados y con profundas heridas en el cuerpo y en el alma. Estas experiencias me han hecho sellar un pacto de por vida en mi corazón: el compromiso de trabajar ¡por un mundo sin cadenas!
La Trata es un flagelo de dimensiones enormes el cual está presente en todo el mundo. Por ello, es necesario afrontarlo juntas, entre nosotras como Combonianas y con otras fuerzas eclesiales y sociales. Nadie puede hacer todo, pero todas podemos hacer algo, por fidelidad al Evangelio, a nuestro Carisma y a las periferias existenciales a las que somos llamadas. Es indispensable ofrecer nuestra contribución a la construcción de un mundo sin cadenas, al estilo de nuestro fundador.
La evangelización pasa por el cuidado de la persona y la defensa de la dignidad de cada ser humano. Es necesario poner los pies en la realidad donde estamos y reconocer la presencia de este crimen. ¡Ignorarlo es favorecerlo!.
Siguiendo la metodología comboniana, de Salvar África con África, he confirmado en los grupos de prevención que hemos formado de Without Chains en Sudafrica, y de Sin Cadenas en Mexico y Costa Rica, el deseo y la disponibilidad de tantas personas que quieren comprometerse en este servicio. He contemplado cómo, con estas iniciativas, el ministerio se enriquece y alarga. Así también, veo cómo crece la colaboracion entre nosotras a nivel de GIP AMERICA: las iniciativas se vienen dando desde hace un tiempo. Confío que esto se refuerce a nivel congregacional.
No es posible continuar considerando este ministerio como “opcional” ya que es parte fundamental de nuestra identidad de Misioneras Combonianas.
Considero que este ministerio necesita más visibilización y preparación desde nuestro Instituto. Redescubrir esta dimensión de nuestro carisma es vital para la respuesta que somos llamadas a dar en el aquí y en el ahora de nuestra historia.
Oremos por este ministerio en las intenciones de la Congregación a fin de redescubrir la fuerza y la riqueza que el Carisma Comboniano está llamado a continuar ofreciendo hoy al mundo al estilo de la misión liberadora de Jesús tras las huellas de San Daniel Comboni.
Clara Torres Acevedo, cm
Misionera en México
