La venerabile Maria Giuseppa Scandola: una vida al servicio de la misión en África
Por los caminos polvorientos del Sudán, una mujer valiente y abnegada dejó una huella imborrable. Se trata de la venerabile Maria Giuseppa Scandola, una misionera comboniana cuya vida estuvo marcada por un profundo amor por la evangelización y el servicio a los más necesitados.
Nacida en 1849 en Boscochiesanuova, provincia de Verona, Maria Giuseppa tuvo una infancia humilde. Huérfana a los seis años, aprendió a leer y escribir gracias a la generosidad de una mujer del pueblo que educó a tantas niñas desfavorecidas. Su camino estuvo plagado de desafíos, pero su fe inquebrantable la impulsó a seguir adelante.
El encuentro que cambió su vida ocurrió en 1871, cuando conoció casualmente al padre Daniele Comboni en Erbezzo. Comboni, impresionado por su madurez y equilibrio, le confió su sueño de fundar un instituto de religiosas misioneras destinadas a la evangelización de África. Aunque inicialmente dubitativa, Maria Giuseppa escuchó el llamado y se unió al proyecto.
En 1877, partió hacia Egipto junto a otros misioneros combonianos, iniciando un viaje que la llevaría a recorrer tierras lejanas y desconocidas. Su destino final fue Jartum, la capital sudanesa, donde se entregó incansablemente al servicio de la población local, ganándose el aprecio de Comboni y de todos aquellos que la conocieron.
Tras la muerte del fundador en 1881, Maria Giuseppa enfrentó nuevos desafíos. La insurrección mahdista (1882-1898) obligó a los misioneros a huir y a refugiarse en diferentes lugares. Su valentía y determinación la llevaron a establecer nuevas misiones, como la de Assuan en 1896, donde ejerció como superiora de la comunidad.
Pero su legado más duradero se forjó en Lul, una remota región del Alto Nilo en el sur de Sudán. Allí, en 1903, después de una vida dedicada a la evangelización y al servicio a los más desfavorecidos, la venerabile Maria Giuseppa Scandola falleció a causa de la malaria. Su cuerpo fue sepultado inicialmente en Lul, pero sus restos fueron trasladados en varias ocasiones hasta llegar finalmente a Verona en 2003.
La vida de la venerabile Maria Giuseppa Scandola es un testimonio conmovedor del coraje, la perseverancia y el amor por el prójimo. Su entrega incondicional a la misión comboniana en África la convierte en un ejemplo inspirador para todos aquellos que buscan iluminar el mundo con su fe y su servicio desinteresado.
El 15 de junio de 2014, el Papa Francisco la proclamó Venerabile Serva di Dio, reconociendo su santidad de vida y su contribución a la Iglesia y a la humanidad. Su legado perdura en las misioneras combonianas que continúan su labor en todo el mundo, llevando el mensaje de esperanza y amor a los rincones más remotos del planeta.
Generoso D’Agnese – L’Osservatorio Romano






