Continuemos la misión que nos consigna el Mesías, un nombre procedente de la palabra en hebreo masih: “ungido”. El Dios Hijo, ungido por Dios Espíritu, se encarga y carga con la misión dada por el Dios Padre. Misterio Trinitario de un solo Dios. Y Cristo, cumpliendo su misión, muerto y resucitado por la humanidad y por toda la creación, nos encarga dar testimonio de ello, “cargados” y empujados por su Espíritu.
Digamos que los creyentes cristianos somos como el profeta Jonás que tuvo que ser cargado y conducido por un pez grande para que cumpliese su misión. Dar testimonio por donde pasemos y por donde vayamos, pues Él, Cristo, lleva cada instante de nuestras vidas a la plenitud, ya naveguemos por mares con bellas vistas o tormentas turbulentas hagan el viaje de la vida complicado y sufrido. Esto hace parte de nuestra misión habiendo sido ungidos en el bautismo y en la confirmación.
Cada día navegamos y seguimos nuestra misión con la energía divina como nos recita Ezequiel Bas Luna en su poesía*:
Cuajado del nocturno rocío
mi cuerpo asciende la aurora
hasta el séptimo cielo,
allí se consuma el rito,
la Palabra, espesa,
deja oír su Voz,
allí se suspenden
todos los estados interiores,
las potencias del alma,
los acontecimientos,
y por las nervaduras
de una nueva vida
la savia divina,
omnipotente,
echa a correr presurosa
por mi frágil arcilla.
Un escalofrío asimétrico
me invade
y grávido de Dios
con un gemido inaudible
inauguro el preciso instante
en el que mis ojos
se abren a la contemplación.
*Fte: P.Ezequiel Bas Luna, OSB, “Desde la Palabra en contemplación” Ed. La Soledad. Mx. 2004.
Sí, el anuncio recibido nos hace grávidos de Dios y ¿cómo no subirse a los techos de las casas a proclamarlo a los cuatro vientos (cf. Mt 10,27) y al mundo entero (cf. Mt 24,14)? Las circunstancias concretas de nuestra vida son siempre una invitación a dar un nuevo paso en nuestro camino, en nuestro ser coherentes con lo que creemos, en reconocer que la fuerza y la verdad no están bajo nuestro dominio sino en el Espíritu Santo que nos impulsa, nos ilumina.
Cada persona, pueblo y cultura viene grávida de Dios y de ahí, abierta a la fertilidad divina, como diría S. Ignacio de Loyola, “en coherencia con la vida presente, en comunión con la elección llevada a cabo, con el principio y fundamento”. ¡Buena misión!
Hna. Rosario Fernádez, mc
Misionera en Italia & Collaboratrice-CCM
