El libro de Jonás, un libro que usa y nos hace usar muchas interjecciones. Es una pequeña historia cuyo protagonista con personalidad rebelde y desobediente desea huir de sus líos y temores, y acaba precipitando en ellos y al final sale como un héroe.
De hecho, el protagonista de la historia no es él, sino Dios misericordioso y salvador, como en toda la Biblia. Ahora, vayamos a la historia, recogida tanto en la Biblia como en los documentos asirios, la narración nos ayuda a entrar en las aguas y en las tripas de la cuaresma y a salir de ellas salvados y renovados para continuar la misión.
Jonás nos ayuda a entrar en la cuaresma, y con él, no lleva a Cristo. Con Jonás veremos que “Dios es también Señor de las leyes de la naturaleza, que los prodigios se acumulan aquí a modo de ‘jugarretas’ que Dios hace al profeta: una tempestad repentina. Jonás por la suerte es tirado al mar y un pez monstruoso se lo traga y luego lo vomita, […] todo ello referido con una ironía sin rebozo”[1].
Dice el libro de Jonás (Jon 1, 1-4) que Dios le dio la misión de ir a la gran ciudad de Nínive para que se diesen cuenta del mal que habían hecho, se arrepintiesen y recibiesen la salvación. Jonás hizo oídos sordos a Dios y, dándole la espalda, se puso de viaje en una barca en dirección contraria a Nínive, o sea, hacia Tarsis (donde acababa el mar mediterráneo hacia el oeste).
Tarsis representaba para los hebreos el confín del mundo. Jonás se duerme en la barca cuando Dios desencadena en el mar una enorme borrasca. El barco está por romperse y hundirse en los abismos. Los marineros aligeran el barco y, cada uno según sus distintas creencias y religiones, se meten a orar, confiando en que todos los dioses ayudarán. El único que no reza es Jonás, pues siguió durmiendo, huyendo de tantas cosas, sobre todo, de la responsabilidad de su misión: “Jonás, mientras tanto, había bajado al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente” (Jon 1, 5b). Jonás, fue despertado y les confesó lo que había hecho: desobedecer a Dios y huir. Entonces, le preguntaron qué debían hacer con él para que el mar se calmase.
Aquí tenemos ahora a un Jonás que reconoce su culpa y, con responsabilidad de héroe, toma la decisión para ayudarles y cumplir su misión: “Agarradme y tiradme al mar, y el mar se os calmará, pues sé que es por mi culpa por lo que os ha sobrevenido esta gran borrasca” (Jon 1, 12). Ellos no querían su mal, intentan remar de nuevo con la esperanza que la borrasca cesara, pero nada. Al final, agarran a Jonás, lo tiran al mar y el mar calmó su furia (cfr. Jon 1,15).
Por orden de Dios, un gran pez se lo tragó. Estuvo en su vientre tres días y tres noches. Este gran pez (Tannin) representado en mitología, es un ser relacionado con la creación y la organización del mundo. En la biblia aparece sobretodo como símbolo de poderes cósmicos, relacionados con el agua, que Dios tiene que organizar y dominar, como se reza en el Salmo 74,13: “Oh Dios, […] autor de salvación en medio de la tierra, tú hendiste el mar con tu poder, quebraste las cabezas de los monstruos de las aguas, tú machacaste las cabezas de Leviatán”. La obra creadora y salvadora de Dios aparece en la biblia como victoria contra los monstruos marinos, el mar como el šeol, lugar donde demora el mal y lleva a la muerte.
En el evangelio según Mateo se usa un paralelismo entre las enseñanzas de Cristo y la misión de Jonás en Nínive: “De la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del Hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. Los Ninivitas se levantarán en el juicio final con esta generación y lo condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y ahí, hay algo más que Jonás” (Mt 12, 40-41). Jonás acabó heroico, no por su valentía y honestad, sino por su fe en la misericordia universal de Dios. Acabó predicando en Nínive y siendo testigo de la conversión de la gente de esta gran ciudad, junto con sus bestias, ganado grande y menor (cfr. Jon 3,7-8). Todos, animales incluidos, se cubrieron de sayal, clamaron a Dios con fuerza y se convirtieron. La creación, una vez más en armonía, da testimonio de la misericordia de Dios.
Rosario Fernández, mc
Misionera en Italia
[1]Cfr. Nueva Biblia de Jerusalén, Desclée De Brouwer, 1055.






