¡Hola! Es un gusto para mi poder compartir mi alegría al celebrar junto con mi comunidad los 50 años de presencia de las Misioneras Combonianas en Ciudad Granja, Zapopan, Jalisco, México.
Mi nombre es Lucila Gorety Aguilar Fletes, soy Laica, formada con la espiritualidad Comboniana a través de mis padres, de las Misioneras Combonianas y los Misioneros Combonianos, y durante estos años hemos tenido grandes experiencias, momentos compartidos con las hermanas; ellas han sido un regalo de Dios para mi familia, para mí y seguramente para muchos de nuestros vecinos.
Desde pequeña mi madre colaboraba con las Combonianas en las misiones barriales y yo, siendo muy chiquita, andaba tras de ella todo el tiempo. Ahora con mis hijos, veo que los niños son una esponja de Dios, asimilan la presencia y vida de Dios en nuestro entorno de una manera sorprendente. Recuerdo que siempre que íbamos con las Combonianas yo era felíz en los paseos comunitarios, en los grupos de barrios, en las convivencias en el noviciado, éstas ultimas super divertidas, de hecho estoy escribiéndolo con una gran sonrisa de estos inolvidables recuerdos; nunca olvido los poemas que nos compartían, muchos eran super graciosos, todo el compartir que vivíamos a su lado era de inmensa riqueza, su calidad humana, sus lindas atenciones, escuchar sus experiencias intrépidas y conmovedoras hacían que creciera un fuego dentro de mí por vivir la misión.
A mis 13 años pertenecí al grupo de Adolescentes Misioneros con la Hna. Maite Rivera. Fue para mí un encuentro con Dios, pero un Dios que no está allá a lo lejos mirándome, sino un Dios cercano, que vive a mi lado y en el otro. Hicimos muchas actividades, visitas de enfermos, colecta para familias que vivían situaciones difíciles, aprendíamos de Jesús en la Biblia y en la vida. Mis hermanos mayores estaban en un grupo padrísimo con la Hna. Clara Torres y con varias hermanas que continuaron el acompañamiento del grupo. Yo me desbarataba por estar con ellos porque tenían muchísimas actividades y era un grupo enorme, se llamaba Nuevos Amigos. Ahora, después de 30 años, se llaman viejos amigo, siguen muy unidos y todos firmaron familias llenas de Dios, ejemplares.
A los 16 años comencé a participar con los Laicos Misioneros Combonianos, acompañados por los MCCJ y siempre haciendo familia con las Misioneras Combonianas. Ahí estuve hasta los 27 años, después, por mis hijitos, dejé de participar, pero me volví más activa con la Hna. Carmen Guerrero, con quien visitaba enfermos, y hacíamos talleres de salud integral en las primarias públicas. La hermana Carmen era un torbellino, andaba con mucha energía queriendo hacer mil cosas y jalándome con ella; aprendí mucho de su ternura y tranquilidad al hablar con los demás, siempre atenta al otro.
Ahora que soy una mujer adulta, que mis hijos ya crecieron y que han pasado por mi vida tantas Misioneras Combonianas tocando mi alma, me doy cuenta de que su entrega a Dios les hace dar a los demás la ternura de Dios y con ellas te sientes amada, reconocida, valorada, tomada en cuenta, importante, no me queda más que dales las gracias y orar por ellas.
Lucila Gorety Aguilar Fletes
Laica comboniana, Mexico

Familia Gorety Aguilar Fletes






