“La verdadera misión no conoce el retiro”, reflexiona la Hna. Milagros Zabalza tras su reciente visita a las comunidades combonianas de Madrid y Verona. En estas casas, donde residen hermanas que por razones físicas o mentales ya no pueden ejercer su labor en los campos de misión tradicionales, se está escribiendo un nuevo capítulo de la vida misionera.
El panorama que encuentra la Hna Zabalza en estas comunidades revela una realidad poco visible pero profundamente significativa. “Son historias que necesitan ser contadas”, explica, “voces que, aunque ahora susurran, han gritado el Evangelio en los rincones más remotos del mundo”.
Una nueva forma de entender la misión
Las hermanas que ahora residen en estas comunidades especializadas llevan consigo un tesoro de experiencias acumuladas durante décadas de servicio. Sus cuerpos pueden estar limitados, pero sus espíritus mantienen vivo el carisma comboniano. “En cada arruga de sus rostros hay una historia de entrega”, describe Sr. Zabalza, “en cada gesto silencioso, una lección de amor por los pobres”.
El desafío del cuidado integral
La atención a estas misioneras plantea desafíos únicos. No se trata solo de cuidados físicos, sino de una atención que debe comprender el lenguaje del silencio, interpretar gestos y mantener viva la dignidad de quienes han entregado su vida a la misión. “El bienestar de nuestras hermanas”, señala Sr. Zabalza, “depende tanto de la atención médica como de nuestra capacidad para reconocer y honrar su continua misión”.
Un llamado a la congregación
La experiencia en estas comunidades ha llevado a Zabalza a una conclusión clara: la necesidad de repensar el concepto de “misionera activa”. “La hermana que hoy reza desde su silla de ruedas”, afirma, “está tan en misión como la que camina por las calles de África”.
El reportaje desde estas comunidades revela una verdad fundamental: la misión comboniana se reinventa en cada circunstancia. Las hermanas que ahora requieren cuidados continúan su labor misionera de una manera diferente, pero igualmente valiosa. Sus oraciones, su testimonio de aceptación y su capacidad para transformar el sufrimiento en ofrenda siguen construyendo el Reino de Dios.
“Todo por la extensión del Reino”, concluye Zabalza, recordando que la vocación misionera no se jubila, solo se transforma.
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Reportaje por Milagros Zabalza,smc





