La misión nos moldea y enriquece de forma inesperada, y a pesar de todas las dificultades que hemos vivido durante estos 150 años, somos capaces de afrontar nuevas realidades y retos, teniendo siempre nuestra confianza en Dios. Él es nuestra certeza y con esta fe partimos hacia las periferias existenciales del mundo, donde hemos sido testigos y hemos encontrado un fuerte sentido de solidaridad. Con nuestros propios ojos hemos percibido la alegría y la esperanza de la gente sencilla que hemos encontrado en nuestro caminar. Personas que expresan felicidad, gratitud con poco y una profunda relación con la creación.




Estos son los tres valores que podrían definir el para qué hemos optado por un servicio de evangelización fuera de nuestros países de orígenes: confianza, alegría y solidaridad.
Confianza en un Dios que nunca nos abandona y que camina siempre a nuestro lado. Nos da fuerza y nos anima a mantener una mirada fija en Dios, amor, Dios, ternura, Dios, compasión, Dios, incondicional.
Alegría de un pueblo que con poco sabe vivir, disfrutar y gozar de la vida y de todo lo creado. Vive día a día y nos ha ensenado a gustar el momento presente, a estar en el momento presente y custodiar cada minuto de nuestra existencia.
Solidaridad vivida con una actitud de gratuidad y respeto por todo lo que la madre Tierra nos provee para el bien común de todos, viviendo así un fuerte sentido de solidaridad en la cotidianidad de la vida sencilla y monótona.
Hna. Prado Fernández, mc
Misionera en España






